Oaxaca ha notado un alza en las infecciones por shigelosis, una colitis inflamatoria causada por bacterias del género Shigella, según datos recientes de la Secretaría de Salud federal. En la última semana, el estado reportó 12 nuevos casos, sumando un total de 114 en lo que va de 2025, con una distribución de 50 en hombres y 64 en mujeres. Esta enfermedad se manifiesta comúnmente con síntomas como fiebre, náuseas, vómito y dolor abdominal, aunque en algunos pacientes puede pasar desapercibida sin signos evidentes. A nivel nacional, México acumula 1,079 casos, donde Chiapas lidera con 179, seguido por Guerrero con 135 y Tabasco con 115, posicionando a Oaxaca en el cuarto sitio de mayor incidencia. Por el contrario, entidades como Aguascalientes no han registrado ninguno, mientras que Baja California suma apenas dos, Querétaro cuatro, y Durango, Morelos y Yucatán seis cada una, lo que resalta disparidades regionales en la propagación de esta patología.
Además de estas cifras, la Secretaría de Salud enfatiza que la shigelosis representa un riesgo mayor para los menores de edad, ya que la deshidratación asociada puede generar desequilibrios electrolíticos graves y demandar atención médica especializada, elevando así las tasas de morbilidad y mortalidad en este grupo vulnerable. Esta preocupación se alinea con observaciones globales, donde la bacteria se transmite principalmente por vías fecales-orales, agravada en contextos de higiene deficiente.
En respuesta a estos desafíos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) subraya la importancia de estrategias preventivas para frenar la diseminación comunitaria, incluyendo el acceso universal a agua potable y sistemas de saneamiento adecuados. Asimismo, promueve prácticas cotidianas como el lavado riguroso de manos con agua y jabón, especialmente tras usar el baño o antes de manejar alimentos, y aconseja que las personas infectadas eviten preparar comidas en hogares o establecimientos hasta su recuperación total, confirmada por pruebas negativas. De igual modo, recomienda abstenerse de actividades acuáticas por al menos una semana post-enfermedad y emplear métodos de barrera, como preservativos, en prácticas sexuales de riesgo para minimizar el contacto directo con heces. Estas medidas, implementadas de manera consistente, podrían mitigar brotes y proteger a poblaciones expuestas, fomentando una respuesta colectiva ante esta amenaza sanitaria.
