Por: Aylin Paredes
En la Sierra Norte de Oaxaca, el pozontle, una bebida ancestral de cacao, maíz, piloncillo y hierbas como cocolmeca, rosita de cacao o azahar, es mucho más que un deleite gastronómico. Consumida en rituales, fiestas patronales, nacimientos, bodas y ofrendas de Día de Muertos, esta preparación simboliza un vínculo profundo entre las comunidades indígenas, la naturaleza y lo espiritual. Su aroma floral y su fermentación natural, con propiedades probióticas y energizantes, refuerzan su valor como bebida sagrada que honra a los dioses y ancestros.
La preparación del pozontle es un arte que requiere destreza y conocimientos transmitidos de generación en generación, especialmente en comunidades como San Melchor Betaza. Allí, las maestras del pozontle, quienes heredan esta responsabilidad, elaboran la bebida con molinillos artesanales de diseño único, solicitados con meses de anticipación. El maíz, base de la bebida, refleja el sustento y el origen de la humanidad en las cosmovisiones mesoamericanas, mientras que el cacao, considerado un regalo divino, eleva su carácter sagrado.
Además, la espuma característica del pozontle, lograda tras batirlo con habilidad, es un distintivo que no todos dominan. En Betaza, esta tarea recae en personas con un “don” especial, lo que resalta la importancia cultural y espiritual de la bebida. Así, el pozontle no solo nutre el cuerpo, sino que fortalece la identidad y las tradiciones de los pueblos originarios de Oaxaca, consolidándose como un legado vivo de su herencia ancestral.
