El quiosco del Zócalo de Oaxaca, un legado porfirista erigido a finales del siglo XIX, se erige como un símbolo multifacético en el corazón de la ciudad. Ubicado en la Plaza de la Constitución, antigua Plaza de Armas, este estructura ha servido no solo como punto de encuentro para familias que buscan descanso y disfrute, sino también como escenario clave para expresiones sociales. Por ejemplo, el 1 de diciembre de 2022, durante la toma de posesión del gobernador Salomón Jara, integrantes de la Sección 22 del magisterio oaxaqueño lo utilizaron para lanzar consignas desde abajo del balcón del Palacio de Gobierno. A pesar de las intervenciones oficiales para limpiar su cantera verde, las marcas de protestas pasadas persisten, recordando su rol en la dinámica política local. En su base, alberga el pasaje comercial Alberto Canseco, aunque desde finales de 2024 carece de su placa identificatoria tras una remodelación impulsada por el gobierno estatal.
Sin embargo, la historia del quiosco se remonta más atrás, con un antecesor construido en la década de 1880. Según la investigadora Danivia Calderón, en una gaceta del Instituto del Patrimonio Cultural (INPAC) de 2005, la plaza porfiriana experimentó cambios significativos a partir de 1881. En ese año, el entonces gobernador Francisco Meixueiro encomendó un rediseño al ingeniero estatal Emilio Brachetti y al jefe político Francisco Vasconcelos, quienes ya habían colaborado en otras obras urbanas. Antes de esa fecha, la Plaza de Armas no había sufrido alteraciones drásticas, ya que la sociedad y el gobierno priorizaban resolver crisis políticas, sociales, así como enfrentar terremotos, enfermedades y epidemias que azotaban la región.
Entre las modificaciones clave, se incluyó la sustitución de una fuente central de mármol por un zócalo elevado sobre el cual se levantó el quiosco original, marcando el eje de la plaza. Desde allí se trazaron veredas hacia los cuatro lados y esquinas, donde se instalaron fuentes adicionales y bancas de fierro, siguiendo las tendencias arquitectónicas de la época. Aunque se planeó un monumento en honor a Benito Juárez —posteriormente reubicado—, el quiosco actual, más reciente, mantiene esa esencia porfirista. Adornado en fechas patrias con motivos alusivos a la Independencia de México, este espacio continúa evolucionando, fusionando su herencia histórica con el pulso cotidiano de Oaxaca, donde el patrimonio cultural se entreteje con la vida pública sin interrupciones.

