La zona arqueológica de Monte Albán atravesó una jornada crítica marcada por el asedio de la mancha urbana y deficiencias en la infraestructura de seguridad. A pesar de que no se reportaron incidentes violentos recientes de gravedad, el sitio arqueológico más emblemático de Oaxaca padeció los efectos de invasiones territoriales y la proliferación de obras civiles sin el consentimiento del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Un ejemplo de esto fue la pavimentación de un camino que conectó a Santa María Atzompa con la vía principal entre 2021 y 2022, acción que las autoridades federales denunciaron por carecer de los diagnósticos técnicos necesarios y por contravenir la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos.
Bajo este contexto de vulnerabilidad patrimonial, el entorno de la poligonal sufrió también por incendios forestales, asaltos en las carreteras de acceso y conflictos recurrentes con el comercio informal. La tensión histórica en la zona recordó el violento desalojo en Santa Cruz Xoxocotlán durante 2019, un evento que dejó un saldo trágico y que subrayó la urgencia de delimitar el crecimiento poblacional. No obstante, frente a la reciente crisis de inseguridad en otros recintos nacionales, elementos de la Guardia Nacional intensificaron su presencia en el área para salvaguardar la integridad de los visitantes y proteger el valor cultural que otorga el estatus de Patrimonio de la Humanidad a este complejo.
Finalmente, el despliegue operativo respondió a la necesidad de garantizar confianza a un sector turístico en crecimiento, considerando que el flujo de visitantes extranjeros representó hasta un 34% de la afluencia total en el estado durante el primer trimestre del año. Mientras que recintos como el Museo de las Culturas de Oaxaca mantuvieron protocolos estrictos con detectores de metales y revisiones manuales, en Monte Albán la estrategia se centró en patrullajes preventivos para mitigar riesgos de extravío de turistas y frenar las construcciones irregulares que mermaron la riqueza histórica de la región. El balance de estas acciones buscó equilibrar la preservación arqueológica con la seguridad pública en un periodo de alta demanda internacional.

