En San Pablo Huixtepec, Oaxaca, la empresa familiar Chiripas transforma la madera reciclada en juegos didácticos que rescatan la tradición y estimulan la mente de las infancias. Fundada como un homenaje a Crescencio Ruiz, quien en su niñez dibujaba en la tierra y jugaba con piedras por falta de recursos, Chiripas ha evolucionado desde un pasatiempo familiar hasta un negocio que promueve el aprendizaje y la diversión. “A través de nuestros juegos buscamos no solo entretener, sino ejercitar la mente de una forma diferente”, explica Miriam Ruiz, administradora de la empresa.
El origen de Chiripas se remonta a un juego tradicional, “El coyote y las gallinas”, que Crescencio enseñó a su hijo, padre de Miriam, y que se jugaba especialmente en Día de Muertos. Con el tiempo, la familia perfeccionó los materiales y formalizó el negocio en 2011 tras recibir apoyo de incubadoras como la del Tecnológico de Monterrey. Actualmente, emplean a unas 10 personas y colaboran con centros penitenciarios en temporadas altas, como el Día del Niño y la Guelaguetza, para satisfacer la demanda. Además, están en proceso de obtener el sello Hecho en México, que busca promover el consumo de productos nacionales.
Chiripas no solo preserva la herencia cultural, sino que también apuesta por la sostenibilidad y la inclusión. Sus juegos, como rompecabezas, damas chinas y ajedrez, se elaboran con madera reciclada y se adaptan para personas con discapacidades mediante talleres inclusivos. “Pensamos en las próximas generaciones y en un ambiente que amplíe sus horizontes a través del pensamiento abstracto”, destaca Miriam. Con un enfoque en la creatividad y la resolución de problemas, Chiripas demuestra que la diversión puede ser un puente hacia el aprendizaje y la tradición.
