El Parque Nacional Lagunas de Chacahua, ubicado en la emblemática región de la Costa, se consolida como uno de los santuarios naturales más significativos del estado, ofreciendo un refugio donde la aventura y la conservación convergen. Situado en el municipio de la Villa de Tututepec, este destino no solo atrae a visitantes por sus paseos en lancha y su identidad gastronómica, sino por fenómenos naturales únicos como la bioluminiscencia. Estos recorridos nocturnos permiten una conexión profunda con el entorno, evidenciando la vitalidad de un ecosistema que late con luz propia bajo la oscuridad de la selva y el mar.
En cuanto a su relevancia jurídica y ambiental, este territorio ostenta el título de Área Natural Protegida desde 1937, una visión de conservación que se fortaleció en 2008 al ser reconocido internacionalmente como Sitio Ramsar. Con una extensión superior a las 14 mil 800 hectáreas, el parque integra de manera armoniosa dunas, selvas y sistemas lagunares. No obstante, su valor trasciende el paisaje, pues funciona como una infraestructura natural crítica para el desove y crecimiento de diversas especies de aves, reptiles y mamíferos, muchos de ellos endémicos, que encuentran en estos humedales su única ruta migratoria y fuente de sustento.
Finalmente, la salud de este ecosistema descansa en la presencia de las cuatro especies de manglar registradas en México: rojo, negro, blanco y botoncillo. Estos árboles, cuyas raíces se entrelazan en las aguas de Chacahua, actúan como potentes sumideros de carbono que mitigan de forma directa los efectos del cambio climático global. Al proteger estas lagunas, la comunidad y las autoridades no solo preservan un atractivo turístico, sino que garantizan la supervivencia de una barrera natural biológica que sostiene la vida silvestre y asegura el equilibrio ambiental para las futuras generaciones de oaxaqueños.
