En el panorama de la salud pública oaxaqueña, la atención médica por depresión ha experimentado un repunte crítico del 54% en los últimos seis años, reflejando las secuelas emocionales de la crisis sanitaria global. Según datos de la Secretaría de Salud federal, las unidades médicas del estado pasaron de registrar mil 702 casos nuevos en 2019 a contabilizar 2 mil 627 al cierre de 2025. Este incremento se acentuó a partir de 2022, año en que el retorno a las actividades presenciales y el fin del confinamiento visibilizaron un malestar acumulado que, paradójicamente, mostró un ligero descenso estadístico durante el punto más álgido de la emergencia, debido a que el sistema hospitalario priorizó la urgencia del Covid-19 sobre los trastornos mentales.
Al profundizar en las cifras más recientes, se observa que la brecha de género en la búsqueda de ayuda profesional es notable, pues de las atenciones reportadas en 2025, un total de mil 618 correspondieron a mujeres, mientras que mil 009 fueron solicitadas por hombres. Esta tendencia al alza se consolidó de manera gradual entre 2023 y 2024, alcanzando niveles de atención sin precedentes en la entidad. No obstante, las autoridades sanitarias advierten que este fenómeno no es exclusivo de un sector, sino que impacta severamente a los extremos de la vida: los adolescentes, quienes lidian con la reconfiguración de su entorno social, y los adultos mayores, un grupo históricamente vulnerable al aislamiento y la pérdida de redes de apoyo.
En el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, conmemorado este 13 de enero, los especialistas subrayan que este trastorno afecta a más de 300 millones de personas a nivel global, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A pesar de su alta incidencia y de estar vinculado directamente con las tasas de mortalidad, el acceso a tratamientos adecuados sigue siendo un reto estructural. Por ello, la identificación oportuna de síntomas como la tristeza persistente, los trastornos del sueño, la falta de concentración y el cansancio extremo resulta vital para mitigar una condición que, lejos de ser una debilidad pasajera, representa un problema de salud pública que demanda atención integral y desestigmatizada.

