En el corazón de los Valles Centrales de Oaxaca, a solo 30 kilómetros de la capital, el municipio zapoteco de San Juan Teitipac, en el distrito de Tlacolula, resguarda una de las tradiciones artesanales más antiguas de México: el tallado manual de piedra para crear metates, molcajetes y piezas decorativas. Esta práctica, arraigada desde la fundación del pueblo alrededor del año 1100 bajo el nombre zapoteco Zetobaa, se transmite de generación en generación en unas 20 familias que extraen la materia prima de minas cercanas. Con cincel, martillo y un proceso íntegramente artesanal —que incluye corte, destronque, labrado y pulido—, transforman rocas seleccionadas en utensilios que simbolizan la identidad cultural local. A diferencia de molcajetes de piedra volcánica comunes en otras regiones, las piezas de Teitipac destacan por su material más resistente y de desgaste lento, perfecto para moler mole, salsas o chocolate sin alterar sabores tradicionales.
Además, el nombre del municipio, derivado del náhuatl «tetl» (piedra) e «icpac» (encima), evoca su vínculo simbólico con el entorno, donde la piedra no solo es herramienta, sino parte de la cosmovisión zapoteca. Los artesanos también elaboran figuras como animales, floreros o servilleteros, fusionando diseños ancestrales con toques contemporáneos. Estas creaciones se comercializan en el tianguis dominical de Tlacolula de Matamoros, uno de los mercados más antiguos de Mesoamérica, y en ferias regionales, atrayendo a compradores nacionales e internacionales. En bodas locales, regalar un metate persiste como costumbre que representa la continuidad familiar y el respeto por el legado.
Por otro lado, la comunidad enriquece su herencia con atractivos como un exconvento dominico del siglo XVI, que conserva murales antiguos, y un calendario festivo centrado en la fe y el tequio. La fiesta principal, el 24 de junio en honor a San Juan Bautista, incluye misas, jaripeos, música, carreras de caballos y comidas con mole, mezcal y tejate; también se celebran Día de Muertos y las guadalupanas. Estas convivencias fortalecen lazos colectivos y exhiben las artesanías, posicionando a Teitipac como un destino que une historia, esfuerzo y orgullo por sus raíces prehispánicas.

