El nicuatole, uno de los postres más antiguos de Oaxaca, sigue siendo un emblema de la riqueza cultural zapoteca. Elaborado a base de maíz y azúcar, este dulce, cuya textura recuerda a la gelatina, tiene raíces prehispánicas y se endulzaba originalmente con piloncillo o miel de agave. Su característico color rojo o rosa, hoy logrado con colorantes, se obtenía en el pasado con grana cochinilla, un tinte natural. Presente en mercados, calles y festividades como Semana Santa o Día de Muertos, el nicuatole se sirve tradicionalmente en hojas de plátano, evocando siglos de historia.
En los Valles Centrales, el Nudo Mixteco, la Sierra de Juárez y la Sierra Madre Sur, este postre es más que un manjar: es un símbolo de agradecimiento. Se dice que las cocineras zapotecas lo preparaban como ofrenda a los dioses, destacando el maíz como elemento central de su cosmovisión. Hoy, el nicuatole se reinventa con sabores como vainilla, chocolate, piña, coco o tejate, adaptándose a los gustos modernos sin perder su esencia.
Cada año, desde 2011, San Agustín Yatareni acoge la Feria del Nicuatole, un evento que fortalece la identidad comunitaria. La edición 2025, programada para el 28 de septiembre de 8:00 a 20:00 horas, ofrecerá una variedad de sabores, danzas folclóricas, actividades deportivas y exhibiciones artísticas. Esta celebración no solo promueve la convivencia, sino que reafirma el legado cultural de Oaxaca, donde el nicuatole sigue uniendo generaciones.
