Del 14 de septiembre, la ocupación hotelera promedio en destinos clave como Oaxaca de Juárez, Bahías de Huatulco y Puerto Escondido alcanzó el 60.9 por ciento, un indicador que, aunque no llega a los picos de eventos como la Guelaguetza o Semana Santa, representa un alivio para la industria en esta temporada intermedia.
Esta afluencia se alinea con tendencias de años recientes, donde las celebraciones del 15 y 16 de septiembre generaron entre 130 y 150 millones de pesos en derrama económica por conceptos como hospedaje, alimentación, transporte y servicios turísticos. Además, de enero a julio de este año, el sector ya acumuló 13,670 millones de pesos en ingresos, beneficiando directamente a más de 181 mil personas empleadas en hoteles, restaurantes y comercios relacionados, lo que subraya el rol del turismo como motor de desarrollo regional.
Por otra parte, esta inflexión de visitantes no solo se traduce en cifras económicas, sino que fomenta beneficios sociales y culturales profundos. Los turistas, mayoritariamente nacionales, pero con un creciente componente internacional, participan activamente en verbenas, desfiles y presentaciones de música y gastronomía regional, lo que realza la identidad oaxaqueña y genera orgullo comunitario. Este dinamismo crea empleo temporal en áreas como el transporte, la venta de antojitos y artesanías, impactando especialmente a familias dependientes del autoempleo.
En regiones como Puerto Escondido, donde se reportó un 63 por ciento de ocupación en puentes recientes, el gasto de los foráneos —superior al de los locales— contribuye a una distribución más equitativa de los ingresos, extendiéndose más allá de la capital hacia zonas costeras como Huatulco.
Sin embargo, estos beneficios trascienden lo inmediato y posicionan a Oaxaca como un destino atractivo a largo plazo. La llegada de turistas en septiembre mantiene un flujo constante fuera de las temporadas altas, atrayendo a extranjeros que elevan el gasto promedio y promueven la diversidad cultural. Esta dinamización regional asegura que no solo la capital, sino también localidades periféricas, compartan los frutos del turismo, fortaleciendo la sostenibilidad del sector

