En el corazón de Oaxaca, el Jardín Sócrates se transforma en un oasis de sabores helados donde vendedores jóvenes, ataviados con delantales, despliegan su carisma para atraer a los transeúntes. Frases como «Bienvenido, aquí están las nieves» o «Acérquese, le regalo una prueba» resuenan entre los puestos, compitiendo por captar la atención en un entorno arropado por árboles centenarios y un escenario vibrante de colores. Ubicado al costado de la Iglesia de la Soledad, este espacio alberga establecimientos con décadas de historia, donde generaciones han perpetuado la tradición. Los adornos de papel picado, flores y motivos navideños recientes añaden un toque festivo, mientras el frío matutino contrasta con el sol que asciende en el cielo, creando una atmósfera que invita a pausar el ajetreo diario.
Sin embargo, las bajas temperaturas han impactado las ventas en estos locales, como se observa en la Nevería El Lirio, donde una lista de 40 sabores —incluyendo nuez, leche quemada, tuna, sorbete, chocolate, pétalos de rosa, beso oaxaqueño, higo y mezcal— espera a los clientes. Según los vendedores, las ventas han caído hasta un 50% debido al clima invernal, que disuade el consumo de productos helados. A pesar de esto, confían en una pronta recuperación, impulsada por las temporadas altas como las fiestas de la Guelaguetza, la Cuaresma y el fin de año, cuando la demanda se multiplica. Mientras tanto, algunos visitantes se animan a sentarse en las mesas, seducidos por las invitaciones de las trabajadoras que prometen las mejores opciones y novedades en sabores.
Por ello, las nieves del Jardín Sócrates no solo representan un refrigerio accesible —con precios que oscilan entre 55 y más de 70 pesos, dependiendo del tamaño y el sabor—, sino también un bálsamo para el cuerpo y el alma. En un contexto donde el frío persiste, estos puestos mantienen viva una tradición que refresca y calma, integrando el patrimonio cultural oaxaqueño en la cotidianidad de locales y turistas por igual.
