Por: Luz Palacios
La capital oaxaqueña, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, se ha convertido en uno de los destinos más queridos por turistas nacionales y extranjeros. Oaxaca de Juárez no solo es la puerta de entrada a un estado lleno de contrastes, sino también un imán por sí misma, capaz de retener a quienes buscan autenticidad, sabor y tradición.
De acuerdo con prestadores de servicios turísticos locales, la mayoría de los visitantes permanece en la ciudad entre tres y cinco días, tiempo que aprovechan para explorar tanto el Centro Histórico como los alrededores cercanos. Este periodo les permite conocer la oferta cultural, disfrutar de la gastronomía, hacer compras artesanales y realizar excursiones de un día a sitios como Monte Albán, Mitla o Hierve el Agua.
Los mercados tradicionales, como el Mercado 20 de Noviembre, famoso por su “pasillo de humo” y el Mercado de Benito Juárez, son ideales para probar parte de la gastronomía oaxaqueña, comprar artesanías, quesillo, chocolate, tlayudas y chapulines.
Los mercados son los favoritos para tours gastronómicos o de mezcal, que cada día son más populares, y qué muchos turistas se apuntan a recorridos que incluyen degustación de mezcales artesanales, tlayudas, tamales o memelas en lugares típicos.
Oaxaca es, sin duda, uno de los grandes centros gastronómicos de México. Las y los turistas destacan especialmente tres delicias locales, las tlayudas, tortillas grandes, crujientes con asiento, frijoles, quesillo, carne y salsa. Suelen costar entre 50 y 120 pesos.
El mole negro o coloradito, es otras de las delicias culinarias preferidas que no pueden faltar si visitas Oaxaca, este platillo es servido en fondas, mercados o restaurantes tradicionales como Las Quince Letras o La Biznaga, donde un platillo fuerte ronda los 150-250 pesos.
El Chocolate y pan de yema, son consumidos sobre todo en el desayuno o la merienda, acompañados de pan artesanal y café de olla. Muchos lo disfrutan en cafés tradicionales del centro como Mayordomo, Café Brújula o Nuevo Mundo.
Además, hay un creciente interés por la cocina contemporánea oaxaqueña, con chefs que reinterpretan los sabores tradicionales. Restaurantes como Criollo, Casa Oaxaca o Pitiona suelen aparecer en las listas de recomendaciones, con menús degustación que van de los mil pesos a los 2 mil por persona.
Quienes se hospedan en la capital tienen un itinerario que casi siempre incluye: paseos por el Andador Turístico Macedonio Alcalá, una calle peatonal llena de galerías, cafés, tiendas de artesanías y música en vivo.
Otra de las visitas obligadas es Santo Domingo de Guzmán, una de las iglesias barrocas más impresionantes del país, con acceso gratuito y el Museo de las Culturas de Oaxaca, cuya entrada tiene un costo de 85 pesos.
Más allá de los lugares, lo que más valoran las y los turistas es la calidez de la gente, la riqueza cultural y la autenticidad de la vida cotidiana. Para muchos, Oaxaca no es solo un lugar para visitar: es un espacio para reconectar con lo esencial.
