El ciclo escolar 2025-2026 concluyó en Oaxaca con una deuda pendiente para miles de estudiantes: las semanas de clases perdidas durante el paro magisterial de la Sección 22 de la CNTE no fueron repuestas, dejando al descubierto que el rezago educativo continúa acumulándose en la entidad.
Pese al regreso de docentes a las aulas tras poco más de tres semanas de movilizaciones, las horas de enseñanza suspendidas quedaron fuera del calendario escolar y, en la práctica, el ciclo terminó sin un plan integral que permitiera recuperar los aprendizajes afectados.
La situación resulta especialmente preocupante en un estado donde los indicadores educativos ya mostraban importantes rezagos desde antes de la pandemia por COVID-19 y que, en los últimos años, ha enfrentado constantes interrupciones del calendario escolar derivadas de paros, marchas y plantones.
Especialistas en educación han advertido que la pérdida de días efectivos de clase repercute directamente en el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes, principalmente en áreas fundamentales como lectura, comprensión, escritura y matemáticas, cuyos efectos pueden extenderse durante varios ciclos escolares.
Aunque algunos planteles implementaron actividades adicionales por iniciativa de maestros y padres de familia, estas acciones fueron aisladas y no formaron parte de una estrategia estatal para compensar el tiempo perdido.
Incluso autoridades educativas reconocieron que resultaba prácticamente imposible recuperar todas las horas de clase suspendidas dentro del calendario oficial, por lo que el ciclo escolar concluyó con un déficit de enseñanza que ahora se reflejará en el desempeño académico de miles de alumnos.
La falta de mecanismos efectivos para garantizar la continuidad educativa vuelve a colocar en el centro del debate el impacto que tienen los conflictos magisteriales sobre el derecho de niñas, niños y adolescentes a recibir educación de manera ininterrumpida.
Mientras las demandas sindicales continúan formando parte de la agenda política en Oaxaca, el costo vuelve a recaer sobre los estudiantes, quienes finalizaron el ciclo escolar con menos días de aprendizaje que los establecidos oficialmente y con un rezago que, año tras año, sigue creciendo sin una estrategia clara para revertirlo.
