En las calles de Miahuatlán de Porfirio Díaz, Oaxaca, la noche guarda un enigma que ha estremecido a los habitantes por generaciones. La leyenda de «La Matlazihua», un espíritu femenino que deambula entre la una y las tres de la madrugada, se ha convertido en un relato icónico que advierte a los hombres sobre los peligros de vagar solos y en estado de ebriedad. Este relato, arraigado en la tradición oral, combina misticismo y folclor, capturando la imaginación de locales y visitantes.
Según las narraciones, «La Matlazihua» aparece como una mujer joven de piel morena, cabello rizado y vestida con un elegante vestido blanco. Su belleza cautiva a los hombres solitarios, quienes, atraídos por su figura, la siguen sin sospechar su naturaleza espectral. Algunos aseguran que carece de pies o que estos se transforman en pezuñas de chivo, un detalle que intensifica el carácter sobrenatural de la historia. La figura los guía hacia los límites del pueblo, cerca de ríos o arbustos de huizache, donde el encanto se rompe abruptamente. Las espinas de la planta, al herir la piel, despiertan a los hombres de su trance, dejándolos desorientados y sin rastro de la mujer.
Por otro lado, la leyenda trasciende el simple relato de terror y se conecta con la historia y la cultura de Oaxaca. Algunos vinculan a «La Matlazihua» con Mictecacíhuatl, la diosa mexica de la muerte, mientras que otros la asocian con una joven mestiza de la época colonial, famosa por seducir y robar a los hombres, lo que llevó a establecer toques de queda en el siglo XVIII. Aunque se dice que su presencia se extiende a otras regiones de Oaxaca, Miahuatlán es considerado el epicentro de esta historia.
Esta leyenda, más allá de su tono escalofriante, refleja la riqueza cultural de Oaxaca, donde las tradiciones y el misticismo se entrelazan. «La Matlazihua» no solo es un relato para evitar las calles a medianoche, sino un recordatorio del poder de las historias que dan vida a la identidad de un pueblo.
