Oaxaca enfrenta la reaparición del gusano barrenador, una plaga que afecta a animales de sangre caliente como bovinos, equinos, ovinos, perros, gatos y especies silvestres a través de heridas abiertas. El secretario de la Secretaría de Fomento Agroalimentario y Desarrollo Rural (SEFADER), Víctor López Leyva, enfatizó que el 80% de la contención depende de los productores, quienes deben revisar permanentemente sus animales y curar cualquier lesión con productos disponibles en el mercado. En colaboración con el Gobierno Federal, a través de la Comisión México-Americana para la Prevención de la Fiebre Aftosa y Otras Enfermedades Exóticas (CPA) y el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), se realizan pláticas preventivas en comunidades y se distribuyen kits gratuitos para fomentar estas prácticas. Si se detectan gusanos, se insta a notificar a autoridades locales o municipales, lo que activa un barrido sanitario en un radio de 20 kilómetros sin implicar cuarentenas, decomisos o sacrificios de ganado.
Además, López Leyva destacó que la plaga no es letal y permite convivir con ella mediante atención oportuna, ya que los animales se curan en aproximadamente 21 días. En Oaxaca, se registran 680 casos positivos, de los cuales el 80% ya están cerrados tras tratamientos exitosos, posicionando al estado entre los de menor incidencia en la región sur-sureste. Esta situación contrasta con otros estados vecinos que reportan cifras más altas, pero en Oaxaca se observa una contención efectiva gracias a la prevención. La última presencia del gusano barrenador en México fue entre 1960 y 1991, y ahora se espera un control más rápido con avances como la liberación de moscas estériles producidas en una planta en Panamá, que interrumpen el ciclo reproductivo de la mosca fértil.
Por ello, el funcionario hizo un llamado fraterno a ganaderos y poseedores de animales para colaborar, subrayando la importancia económica: la erradicación es clave para reabrir fronteras y mantener precios competitivos en la exportación de becerros hacia corrales del centro y norte del país. Estas medidas integrales buscan mitigar el impacto en la ganadería local, promoviendo una respuesta colectiva que priorice la salud animal sin afectar la productividad.
