En agosto de 2024, Oaxaca enfrentó la crudeza de las tormentas eléctricas, que dejaron un saldo de dos personas fallecidas en menos de 24 horas. En Santa María Atzompa, un joven motociclista perdió la vida tras ser alcanzado por un rayo mientras transitaba por terrenos agrícolas durante una tormenta. Su acompañante resultó herido. Ese mismo mes, en la playa La Entrega de Huatulco, una turista de 59 años, originaria de la Ciudad de México, murió tras una descarga eléctrica en un estacionamiento, dejando además siete heridos, según informó la Coordinación Estatal de Protección Civil.
Estos incidentes reflejan un problema mayor en el estado, que ocupa el segundo lugar nacional en muertes por rayos, con 206 decesos registrados entre 1998 y 2021, según datos de la Secretaría de Salud citados en un estudio de la UNAM. La investigación “Mapping Lightning Risk in Mexico”, publicada en julio de 2024, destaca que la vulnerabilidad social, como la falta de educación, infraestructura limitada y viviendas sin pararrayos, agrava el riesgo en comunidades rurales oaxaqueñas, donde las muertes se distribuyen de manera dispersa. Durante la temporada de lluvias, la Sierra Madre Occidental y el centro-sur del país son propensos a estas tormentas.
Para prevenir más tragedias, expertos recomiendan suspender actividades al aire libre durante tormentas, evitar refugiarse bajo árboles y buscar estructuras seguras. También se subraya la importancia de mejorar el acceso a pronósticos meteorológicos y educar a la población sobre medidas de protección. Aunque la urbanización ha reducido estas cifras, los rayos siguen siendo un “riesgo oculto” que requiere atención urgente en Oaxaca.
