En México, la transformación digital está revolucionando el acceso a servicios financieros, permitiendo que un mayor número de ciudadanos gestionen sus ahorros y créditos desde sus dispositivos móviles. De acuerdo con el Índice Banamex de Inclusión Financiera 2025, entre 2021 y 2024, el porcentaje de personas que abrieron cuentas de ahorro vía internet o aplicaciones no bancarias saltó del 2.7% al 10.3%. Este avance representa un paso significativo hacia la democratización de herramientas financieras que, hasta hace poco, eran exclusivas de sectores privilegiados, facilitando así una mayor participación en la economía formal.
Sin embargo, esta evolución no se limita al ámbito virtual; instituciones como el Banco del Bienestar han jugado un rol clave en la expansión de servicios a zonas marginadas. Durante el mismo periodo, los corresponsales bancarios aumentaron un 17.6%, y los cajeros automáticos crecieron un 16.7%, con casi 3 mil unidades nuevas destinadas a distribuir apoyos gubernamentales. Aunque el efectivo sigue siendo el medio preferido para pagos cotidianos, las transacciones con tarjetas y transferencias electrónicas ganan terreno, contrastando con una reducción del 16% en sucursales físicas de la banca tradicional. Estos cambios ilustran una adaptación global al modelo digital, que prioriza la eficiencia y la accesibilidad sobre las estructuras convencionales.
A pesar de estos progresos, persisten desigualdades regionales que demandan intervenciones específicas. Estados como Ciudad de México, Nuevo León, Baja California Sur, Quintana Roo y Coahuila lideran en inclusión financiera, mientras que Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, Puebla y Tlaxcala registran los niveles más bajos. Esta brecha subraya la urgencia de estrategias focalizadas para cerrar las disparidades, asegurando que el boom digital beneficie a todos los mexicanos y fomente un desarrollo equitativo en el sector.
