Oaxaca, cuna de tradiciones milenarias, se transforma cada 1 y 2 de noviembre en un escenario donde la vida y la muerte se dan la mano en un abrazo lleno de color y misticismo. Desde el alba, las calles del centro histórico se impregnan de aromas de copal, flores de cempasúchil y pan de muerto, mezclándose con el murmullo de turistas y locales que rinden homenaje a sus difuntos.
Los altares, cuidadosamente decorados con fotografías, velas, frutas y calaveritas de azúcar, son más que ofrendas: son relatos que cruzan generaciones. Cada objeto, cada color y cada aroma narra una historia, evoca una leyenda, y fortalece la identidad cultural de Oaxaca.

En el Zócalo, comparsas con catrinas y catrines desfilan al ritmo de guitarras y flautas. Niños y adultos participan con entusiasmo, mientras los visitantes quedan hipnotizados por la mezcla de solemnidad y alegría que caracteriza esta celebración única.
Entre callejones y mercados, los artesanos exhiben su arte: calaveras talladas en madera, máscaras pintadas a mano y figuras de papel maché que parecen cobrar vida bajo la luz de las velas. Algunos susurran plegarias; otros contemplan. Todos sienten la fuerza de una cultura que ha sabido trascender el tiempo.
El Día de Muertos en Oaxaca es, ante todo, un encuentro espiritual. Historias de brujos, leyendas de almas errantes y relatos ancestrales se entrelazan con música y danza, convirtiendo la ciudad en un puente entre lo terrenal y lo sobrenatural. Cada vela encendida ilumina no solo un altar, sino el corazón de una tradición viva.

Entre flores, aromas y sabores, el Gobernador Salomón Jara Cruz y la Presidenta Honoraria del Sistema DIF Oaxaca, Irma Bolaños Quijano, compartieron chocolate, café, pan y tamales con cientos de personas en la Verbena Popular Xandú, celebrando la unión, la memoria y la gastronomía oaxaqueña.
En el Palacio de Gobierno, un altar monumental rinde homenaje a los Fieles Difuntos, acompañado de una muestra fotográfica que recorre las ocho regiones del estado: tapetes de arena, flores de cempasúchil y retratos que capturan la devoción y el colorido de esta tradición reconocida por la UNESCO.
Con más de 140 actividades culturales, artísticas y turísticas, Oaxaca abre sus puertas para que locales y visitantes celebren la vida, la memoria y las raíces en un espectáculo sensorial y emocional que trasciende generaciones. Aquí, cada vela, cada pétalo, cada nota musical recuerda que en Oaxaca la muerte se celebra con alegría, respeto y un profundo sentido de identidad cultural.


