En la Costa de Oaxaca, específicamente en las lagunas de Chacahua y Manialtepec, los tamales de tichinda emergen como un platillo emblemático de la gastronomía afrodescendiente. Este manjar, elaborado a partir de un molusco local similar a un mejillón en miniatura, combina sabores intensos del océano con ingredientes terrestres. Las tichindas, almejas de concha negra verdosa y brillante interior blanco, se adhieren a las raíces de los manglares y rocas sumergidas en estas lagunas pacíficas. Su recolección, realizada principalmente por mujeres de comunidades locales, demanda más de siete horas de esfuerzo bajo el sol, enfrentando riesgos como la presencia de cocodrilos en el ecosistema. Una vez obtenidas, se limpian con cuidado antes de integrarlas a una masa de nixtamal, manteca, ajo, cebolla y un adobo de chiles costeños, aromatizado con hoja santa o pitiona. Envueltos en hojas de maíz y cocidos al vapor, estos tamales revelan conchas enteras que el comensal debe abrir para disfrutar la masa impregnada de su esencia salada y fresca.
Sin embargo, esta tradición va más allá de la cocina: representa un vínculo profundo con la herencia cultural y el respeto ambiental. En Chacahua, solo unas pocas familias afrodescendientes mantienen viva esta práctica, recolectando con criterios sostenibles, como dejar las tichindas pequeñas en su lugar o devolver conchas usadas al agua para nutrir a los peces. Este equilibrio asegura la preservación del ecosistema manglar, vital para la región. Aunque durante años estos tamales se consumieron casi exclusivamente en el ámbito local, en caldos, moles o como platillo principal, hoy ganan terreno gracias a cocineras que los ofrecen en pequeños restaurantes y mercados tradicionales. Visitantes nacionales e internacionales comienzan a descubrirlos, atraídos por su autenticidad y el relato de resistencia cultural que encierran.
De esta manera, los tamales de tichinda no solo alimentan, sino que narran la fusión entre mar, tierra y la historia afro en Oaxaca. Su creciente visibilidad invita a valorar y compartir esta herencia culinaria, aún lejos de los grandes reflectores gastronómicos, pero esencial para la diversidad del sur mexicano.
