El crecimiento del turismo en el Centro Histórico de Oaxaca ha encendido alertas entre investigadores, urbanistas y colectivos culturales, quienes advierten que la ciudad enfrenta un proceso de transformación que va más allá del cambio económico y alcanza la memoria social y comunitaria.
Especialistas señalan que la proliferación de hoteles boutique, restaurantes y comercios dirigidos al visitante ha provocado el desplazamiento gradual de habitantes tradicionales, así como la desaparición de prácticas barriales que durante décadas dieron identidad a la zona. Este fenómeno, explican, modifica no solo el uso del suelo, sino también las relaciones sociales que sostienen la vida cotidiana del centro.
De acuerdo con los análisis, el espacio histórico corre el riesgo de convertirse en un escenario turístico permanente, donde la cultura se presenta como mercancía y no como expresión viva. Mercados, fiestas y dinámicas vecinales comienzan a adaptarse a la lógica del consumo, debilitando su sentido comunitario.
Ante este escenario, los colectivos llaman a replantear las políticas de conservación y turismo, incorporando a quienes habitan el Centro Histórico en la toma de decisiones. Subrayan que proteger el patrimonio implica también garantizar el derecho a la ciudad y preservar las memorias que le dan significado.

