Oaxaca conmemora el Día Nacional del Cacao y el Chocolate Mexicano con una serie de actividades gratuitas que se extenderán del 2 al 25 de septiembre, bajo el lema “Larga vida al cacao”. Organizadas por la chocolatera Flor Heras de Reina Negra, el artista Miguel Sánchez y aliados como la BS Canteras, el Museo de Arte Contemporáneo y de las Culturas Oaxaqueñas (MACCO) y el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), estas iniciativas destacan la relevancia cultural, económica y sostenible de este ingrediente ancestral. En el Centro Histórico y el barrio de Jalatlaco, donde se ubican algunas de las mejores chocolaterías del mundo, los eventos buscan atraer a amantes del chocolate y a quienes se interesan por sus procesos de producción, desde la siembra hasta la elaboración, inspirados en textos antiguos como el “Popol Vuh”, que lo considera un árbol sagrado por su dualidad con el maíz.

La celebración arranca esta noche con la proyección del videomapping “Tributo cacao”, una colaboración entre Café Santo y Reina Negra que narra el origen de esta semilla, con funciones a las 19:00, 19:30 y 20:00 horas en el MACCO. Posteriormente, el 3 de septiembre, se inaugura la exposición “Cacao: semilla con memoria” en la BS Canteras a las 17:00 horas, acompañada de una degustación de chocolates. Esta muestra aborda el ciclo de vida de la planta, que toma cinco años en dar frutos, y resalta aspectos sociales como la participación de niños en tareas agrícolas, promoviendo una conciencia sobre la alimentación sostenible y la vida alrededor del cacao, incluyendo flora, fauna y comunidades productoras.
Hacia el cierre del mes, el 25 de septiembre, el MACCO acoge un conversatorio titulado “La escasez del cacao” a las 18:00 horas, con participación de Mariana Favela, Elda Rodríguez y Eduardo Sánchez, seguido de la inauguración de la instalación “Kakaw kik” (cacao sangre) de Miguel Sánchez a las 19:30 horas. Esta obra, realizada con técnicas mixtas como cera, barro y metal sobre reja metálica, reflexiona sobre la producción cacaotera en África y su vínculo con formas modernas de esclavitud económica, donde los productores reciben pagos mínimos por kilo, contrastando con el alto costo de chocolates comerciales. Así, la pieza transforma el cacao de símbolo ritual mesoamericano —vinculado a culturas maya, azteca y zapoteca— en un critique al consumo codicioso que ignora ciclos vitales y derechos humanos.
