A pocos minutos de la ciudad de Oaxaca, en el municipio de San Raymundo Jalpan —cuyo nombre evoca “sobre arena” y remite a sus raíces zapotecas—, se erigen las ruinas de un templo católico del siglo XVII dedicado a San Raymundo de Peñafort. Erigido por frailes dominicos antes de 1700, el edificio nunca se completó, y hoy sus vestigios coloniales, rodeados de árboles centenarios, magueyes, ahuehuetes y encinos, conforman un atractivo turístico que fusiona historia, naturaleza y leyenda. Ubicado en una desviación hacia el Barrio de San Juan, cerca de la carretera a Zaachila, el sitio conserva muros con fragmentos de pinturas murales, una escalera en espiral, retablos parciales, una sacristía en ruinas y pozos antiguos que abastecían a la comunidad religiosa.
Diversas explicaciones circulan sobre su destino inconcluso. Investigadores locales, como el maestro Pedro Martínez, atribuyen el abandono a fallas estructurales originales, mientras que un terremoto en 1931 habría contribuido a su deterioro. No obstante, la versión más arraigada entre los habitantes apunta a una intervención diabólica: cada noche, los avances diurnos eran destruidos de manera inexplicable, lo que generó la creencia de que fuerzas malignas obstaculizaban la obra, dando origen al apodo “el templo que el Diablo no dejó terminar”. Esta narrativa, transmitida generacionalmente, coexiste con el origen zapoteca del lugar, fundado por soldados de Cosijoeza para proteger límites territoriales, y una herencia indígena que perdura en la comunidad.
Pese a su potencial, el templo enfrenta abandono, con grafiti en los muros y vegetación invasora; autoridades han impulsado limpiezas y vigilancia, pero la escasez de recursos frena proyectos de restauración como espacio cultural. San Raymundo Jalpan enriquece la visita con tradiciones como la fiesta patronal del 2 de enero, el carnaval de febrero, la Danza de los Zancudos del siglo XIX y gastronomía local de chapulines, frijoles, nopales, dulces y mezcal. Para acceder, se sugiere iniciar en el Palacio Municipal por información y resguardo contra vandalismo, invitando a explorar un enclave donde el pasado colonial se detiene en el tiempo.
