Los recolectores oaxaqueños capturan las hormigas voladoras tras los aguaceros iniciales que inundan sus nidos, un fenómeno que marca el inicio de las precipitaciones en la región. Estas hormigas, apreciadas desde la época prehispánica, ofrecen un sabor intenso similar a nueces, almendras, cacao y tierra mojada, con textura crujiente una vez tostadas en comal. Su temporada principal abarca de principios a mediados de junio, aunque en 2026 se reportaron apariciones anticipadas a finales de mayo en varias comunidades.
Los habitantes las recolectan de noche cerca de luces públicas y las preparan en salsas molidas con chile, ajo y cebolla, moles tradicionales o incluso en cacao gourmet. Su alto valor nutricional en proteínas, vitaminas y minerales, combinado con la dificultad de captura, eleva su precio por encima de los mil pesos el kilo. Restaurantes de renombre en la capital oaxaqueña las incorporan en platillos de autor, como el restaurante Teocintle-Tika’aya con estrella Michelin, Levadura de Olla y Tierra del Sol con reconocimiento Bib Gourmand.
Comunidades en la Sierra Sur y zonas como La Merced del Potrero destacan por su tradición en la preparación de salsa de chicatanas, mientras que el fenómeno atrae a turistas foodies que buscan este manjar fugaz durante junio, julio y agosto. La oferta se limita a estos meses por la corta disponibilidad del insecto.
