El fenómeno del mar de fondo, un oleaje prolongado y uniforme originado por tormentas distantes en el océano Pacífico, representa un peligro latente para las zonas costeras de Oaxaca. Este evento, que viaja miles de kilómetros desde regiones remotas como el hemisferio sur, no depende del viento local y se intensifica en las costas mexicanas entre mayo y noviembre. Al llegar a playas oaxaqueñas, genera un incremento en el nivel del mar, olas potentes y corrientes subterráneas que pueden arrastrar a bañistas hacia el abierto. A diferencia de un tsunami, impulsado por sismos submarinos, el mar de fondo se desarrolla gradualmente y su impacto, aunque menos catastrófico, ha causado estragos en estados vecinos como Guerrero y Chiapas, con daños a infraestructuras y pérdidas humanas en episodios pasados.
Sin embargo, sus efectos en Oaxaca incluyen la erosión temporal de las playas, inundaciones que reducen el espacio arenoso y corrientes de resaca que complican el nado seguro. Además, puede dañar embarcaciones menores, palapas y mobiliario costero, lo que obliga a residentes y turistas a extremar precauciones. Autoridades como el Servicio Meteorológico Nacional y Protección Civil emiten alertas mediante banderines de colores en las playas, señalando la necesidad de monitoreo constante para evitar incidentes.
Por ello, las recomendaciones incluyen abstenerse de ingresar al agua, supervisar a los niños de cerca, suspender actividades acuáticas deportivas y retirar equipo de las zonas de rompiente. Salvavidas y funcionarios locales insisten en acatar estas medidas, recordando que la apariencia calmada del mar puede ocultar su fuerza impredecible. La prevención, basada en información oportuna, es esencial para mitigar riesgos en esta temporada propensa a tales fenómenos naturales.

