El estado de Oaxaca enfrenta un grave desafío para su sector ganadero debido a la presencia del gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax), una plaga conocida localmente como bichera. Reportes recientes sitúan a la entidad con uno de los registros más altos de casos en el país, acumulando cerca de mil 500 contagios concentrados principalmente en el Istmo de Tehuantepec, la Cuenca del Papaloapan y la región de la Costa.
En este contexto, el gusano barrenador se reproduce cuando la mosca deposita sus larvas en heridas abiertas del ganado, provocando infecciones severas en cuestión de horas. Productores de la región, como Alex Betanzos, han señalado la rapidez con la que la plaga se establece, volviendo indispensable la vigilancia diaria y la atención inmediata de cualquier lesión. Este panorama no solo pone en riesgo la salud animal, sino que también tiene un impacto directo en la economía de las unidades de producción, especialmente en el hato lechero.
De manera crucial, la atención de los animales infectados implica la separación del grupo, el uso de medicamentos y larvicidas específicos y el monitoreo constante. Este proceso se traduce en un incremento en los costos de operación y una notable disminución en la producción de leche, pues el tratamiento puede obligar a cortar temporalmente la ordeña. A esta situación se suma la preocupación de los ganaderos por la falta de personal certificado que pueda emitir las constancias de tratamiento necesarias, lo que, en algunos casos, ha obligado a los productores a gestionar la atención por cuenta propia, elevando aún más los gastos en insumos. Para mitigar la propagación, las autoridades mantienen activo un punto de inspección en la zona oriente del Istmo, donde se revisa rigurosamente al ganado que ingresa desde Chiapas para asegurar que esté libre de heridas y, por ende, de la plaga.
