En el Istmo de Tehuantepec, la variedad de maíz Zapalote Chico gana terreno tras dos años de esfuerzos coordinados por campesinos de Juchitán, Unión Hidalgo y Asunción Ixtaltepec. Bajo la organización Xuba Binii, filial de Tona Tati, unos 20 productores siembran 50 hectáreas durante el ciclo de secas, con un rendimiento de 150 toneladas por cosecha. De esa cantidad, la mitad se destina a semillas nativas que se venden a 20 pesos por litro, lo que asegura la reproducción de plantas adaptadas al clima local.
La selección rigurosa de semillas garantiza la resistencia del Zapalote Chico a plagas, vientos y sequías, según destacan expertos en biodiversidad mexicana. Esta raza tropical precoz madura en dos meses y permite tres siembras anuales en parcelas de temporal o riego, como las alimentadas por la presa de Jalapa del Marqués. Productores como Tomás Chiñas Santiago y José Manuel Jiménez Pérez intercambian conocimientos en eventos locales para rescatar este maíz, esencial en la elaboración de totopos y atoles tradicionales.
El resurgimiento del Zapalote Chico enfrenta obstáculos económicos, tales como los altos costos de maquinaria y la cancelación de subsidios por seguros agrícolas debido a irregularidades pasadas. A pesar de ello, la iniciativa cultural de Xuba Binii reivindica su rol en la dieta istmeña, donde combina con epazote, frijol y camarón para productos emblemáticos. Comunidades zapotecas rechazan el avance de maíces genéticamente modificados para proteger esta herencia nativa de Oaxaca y Chiapas, distribuida en 80 mil hectáreas durante la temporada seca.

