La presidenta Claudia Sheinbaum resaltó que la reforma aprobada en marzo pasado prohíbe el cultivo de maíz transgénico y así salvaguarda la diversidad biocultural del grano originario, domesticado durante milenios por pueblos indígenas y campesinos. Esta medida constitucional, integrada a los artículos 4 y 27, impide la contaminación genética de las 59 razas nativas y fortalece la soberanía alimentaria del país. En un evento conmemorativo, Sheinbaum exhibió muestras de variedades como elotes occidentales, ancho, arinoso de ocho y uruapeño para ilustrar su riqueza genética.
Sheinbaum enfatizó que sin esta prohibición, tales linajes ancestrales enfrentarían riesgos irreversibles por la introducción de semillas modificadas. La reforma, avalada por el Senado con 97 votos a favor de diversas fuerzas políticas, establece que todo cultivo de maíz en territorio nacional debe permanecer libre de alteraciones genéticas artificiales. De esta forma, el Estado asume la responsabilidad de preservar el patrimonio agrícola que sustenta la identidad cultural mexicana.
El gobierno federal prepara un programa integral denominado «Sin maíz no hay país», que amplía los apoyos de Producción para el Bienestar y la entrega gratuita de fertilizantes hacia el fomento exclusivo del maíz criollo. Esta iniciativa incluirá la creación de un banco de germoplasma y, posiblemente, tortillerías comunitarias especializadas en nixtamal de variedades nativas. Con ello, se impulsará la producción sostenible entre pequeños agricultores y se blindará el legado biocultural ante amenazas externas.

