México cuenta con un vasto arsenal costero para combatir el cambio climático, donde los humedales costeros de agua dulce destacan por su capacidad para capturar el doble de carbono que los manglares, según la bióloga Patricia Moreno-Casasola del Instituto Nacional de Ecología. Estos ecosistemas, que incluyen tulares, popales y selvas inundables, se inundan estacionalmente con agua dulce, lo que los convierte en aliados clave contra el calentamiento global. Sin embargo, la ganadería y la agricultura intensiva amenazan su conservación, reduciendo su superficie y funcionalidad ecológica.
En Veracruz, el parque estatal Ciénaga del Fuerte abarca mil 33 hectáreas de selva inundable, 975 de humedales herbáceos y 118 de manglares, albergando árboles de más de 300 años y especies amenazadas como Rhizophora mangle. Cada año, mil 600 visitantes disfrutan de actividades ecoturísticas como recorridos en canoa y avistamiento de fauna, mientras un nuevo plan de manejo busca equilibrar conservación y aprovechamiento de recursos. Proyectos como Ecoguías La Mancha, en un antiguo potrero restaurado de 5 hectáreas, demuestran el potencial de la colaboración entre científicos y comunidades para revertir el deterioro ambiental.
A pesar de su importancia, los humedales costeros enfrentan desafíos como la contaminación por residuos sólidos y sedimentos provenientes de actividades upstream, como la minería y la mala gestión de desechos. La falta de financiamiento y monitoreo local agrava la pérdida de estos ecosistemas, que México ha reducido en un 62 por ciento en décadas recientes, según datos de la Convención Ramsar. Esfuerzos como los de Ecoguías en Movimiento promueven la educación ambiental y el ecoturismo, reinvirtiendo ingresos en la conservación para proteger estos valiosos depósitos de carbono y biodiversidad.
