En una sesión marcada por la tensión política y la negociación de última hora, la Cámara de Diputados aprobó en lo general el llamado “Plan B” de la reforma electoral, aunque en una versión considerablemente reducida respecto a la propuesta original.
El tablero electrónico del Pleno reflejó la votación: mayoría suficiente para avanzar, confirmando que el oficialismo logró consolidar los votos necesarios, pero sin alcanzar el alcance transformador que se planteó inicialmente.
La reforma que hoy avanza ya no contiene los cambios estructurales al sistema electoral ni modificaciones profundas al Instituto Nacional Electoral. En su lugar, se concentra en ajustes administrativos y medidas de austeridad dentro del aparato político.
Entre los puntos que se mantienen destacan la reducción de estructuras municipales, recortes en el gasto legislativo local y ajustes a remuneraciones de funcionarios electorales. Es decir, una reforma que apunta a disminuir costos, pero no a rediseñar el modelo democrático.
La discusión ahora se traslada a lo particular, donde se prevé un debate más intenso sobre reservas y modificaciones específicas, aunque el fondo del dictamen ya quedó definido.
Lo que realmente deja esta votación es un mensaje político claro: la reforma electoral de fondo no pasó. No pasó porque no hubo los votos suficientes para modificar la Constitución, porque incluso aliados marcaron distancia en los puntos más sensibles y porque la oposición cerró filas para impedir cambios al sistema electoral y al INE. El resultado es una reforma viable en lo inmediato, pero limitada en su alcance, que evidencia los límites del poder legislativo cuando se trata de transformar las reglas del juego democrático en México.
Grace Bravata | Ahora Noticias

