Por: Aylin Paredes
En México, el salario mínimo ha registrado un aumento significativo en los últimos años, pero aún está lejos de asegurar una vida digna para millones de trabajadores. Según Enrique Provencio Durazo, coordinador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM, más de un tercio de la población trabajadora no gana lo suficiente para cubrir la canasta alimentaria, lo que refleja la persistencia de brechas económicas y desigualdad en el país.
Desde 2018, el salario mínimo ha crecido un 137 por ciento, pasando de 89.44 a 193.44 pesos diarios, con incrementos aún mayores en la frontera norte. Este avance, impulsado por reformas iniciadas en 2014, ha fortalecido el poder adquisitivo en un 2 por ciento anual, tras descontar la inflación. Sin embargo, Provencio advierte que este progreso no cubre las necesidades básicas de una familia, como la canasta de bienes y servicios. Además, la desigualdad sigue marcando el panorama: las mujeres ganan 20 por ciento menos que los hombres, y en estados como Oaxaca, Chiapas y Guerrero, los ingresos son hasta 60 por ciento inferiores a los de entidades como Nuevo León o la Ciudad de México.
Por otro lado, sectores como las trabajadoras del hogar y los jornaleros agrícolas enfrentan condiciones críticas. Solo el 4 por ciento de las 2.5 millones de trabajadoras del hogar están registradas en el IMSS, mientras que los jornaleros carecen de acceso adecuado a educación y salud. En municipios indígenas, los salarios son menos de la mitadTampoco se puede ignorar que el sector informal ofrece ingresos significativamente menores que el formal.
Finalmente, Provencio subraya que la revolución tecnológica, con avances en inteligencia artificial y automatización, plantea nuevos retos. Para evitar el desplazamiento laboral, urge fortalecer la preparación académica y garantizar una transición inclusiva hacia la economía digital. México enfrenta el desafío de consolidar una política salarial que no solo eleve los ingresos, sino que también cierre las brechas de género, regionales y sectoriales.
