En un emotivo adiós, cientos de campesinos, activistas y familiares despidieron a Marco Antonio Suástegui Muñoz, líder del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (Cecop), sepultado el domingo 27 de abril en Cacahuatepec, Guerrero. El dirigente de 49 años, asesinado tras recibir tres disparos el 18 de abril cerca de la playa Icacos en Acapulco, fue recordado como un defensor incansable del territorio y el río Papagayo. Su lucha de 22 años contra el proyecto hidroeléctrico de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) marcó a las comunidades rurales de la región.
El cortejo fúnebre, resguardado por policías comunitarios de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), recorrió las polvorientas calles de Cacahuatepec. Acompañado por el sonido de la banda Papagayo y el choque de machetes, el féretro cruzó el río Papagayo en lancha, un símbolo de la resistencia que Suástegui encabezó. En el cementerio, Abel Barrera, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, destacó la valentía del líder, quien enfrentó a gobiernos y tribunales agrarios para proteger las tierras comunales, logrando cinco resoluciones que frenaron el proyecto.
Pese a las amenazas de muerte que denunció y la desaparición de su hermano Vicente en 2021, Suástegui no contó con medidas cautelares efectivas del gobierno federal. Su asesinato, ocurrido en un contexto de violencia en Acapulco, desató exigencias de justicia entre los asistentes, quienes gritaron consignas como “¡Viva Marco! ¡Fuera la presa La Parota!”. La presencia de figuras como Ignacio del Valle, del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, y una corona de flores enviada por la gobernadora Evelyn Salgado reflejaron el impacto de su legado.
El Cecop, fundado por Suástegui en 2001, reafirmó su compromiso de continuar la lucha por el territorio. Su sepultura, bajo un sol abrasador, cerró un capítulo de resistencia, pero su memoria permanece como un llamado a la defensa de la tierra y la dignidad campesina.

