Los mexicanos destinaron cuatro mil 809.10 pesos por persona para cubrir la canasta básica alimentaria y no alimentaria en noviembre, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Esta cifra, la más alta desde 1992, refleja un aumento de 3.9 por ciento en zonas urbanas respecto al año anterior, mientras que en áreas rurales el gasto ascendió a tres mil 447.63 pesos con una variación de 3.5 por ciento. El encarecimiento, superior a la inflación general de 3.8 por ciento anual, presiona el poder adquisitivo de los hogares de menores ingresos.
Productos como el bistec de res, la leche pasteurizada y las bebidas consumidas fuera del hogar contribuyeron con mayor peso al alza, de acuerdo con el análisis del Inegi. En el ámbito urbano, la canasta alimentaria sola requirió dos mil 462.71 pesos mensuales por persona, un incremento de 4.4 por ciento interanual, seguido por rubros de transporte y cuidados personales. Por contraste, en zonas rurales, el costo alimentario se situó en mil 854.63 pesos con un avance de 3.1 por ciento, lo que subraya disparidades regionales en el impacto de los precios.
El salario mínimo general, fijado en 278.80 pesos diarios u ocho mil 364 pesos mensuales, apenas cubre las necesidades de una persona en entornos urbanos, según las líneas de pobreza por ingresos. Aunque la inflación mensual registró 0.66 por ciento, impulsada por electricidad y jitomate, el gobierno renovó el Paquete contra la Inflación y la Carestía para estabilizar 24 productos esenciales en 910 pesos. Estas medidas buscan mitigar el efecto en familias vulnerables, donde los alimentos absorben más de la mitad del presupuesto disponible.
