Por Félix Villalobos
Huracanes recientes, como ‘Otis’, ‘John’ y ‘Erick’, destruyeron miles de palmeras de coco en Guerrero, agravando la crisis del sector cocotero, según reporta N+. La combinación de precios bajos, plantaciones envejecidas y plagas, como el picudo negro, ha reducido drásticamente la producción, afectando a unos 20 mil productores que dependen del coco y sus derivados. El Consejo Estatal del Coco señala que el estado mantiene el primer lugar nacional en producción, pero el 90 por ciento de las 50 mil hectáreas de palmares son obsoletas, con 70 a 80 años de antigüedad. La situación amenaza la subsistencia de comunidades en Costa Grande, Costa Chica y Acapulco.
Productores en Tecpan de Galeana han iniciado la renovación de cultivos con palmas enanas verdes importadas de Brasil, en un esfuerzo por contrarrestar las pérdidas. Sin embargo, la falta de apoyo gubernamental para la replantación masiva persiste, según Rosalio Navarrete Ureña, líder de productores. Desde hace casi 90 años, los gobiernos no han impulsado una renovación significativa, salvo una introducción de palmas de Costa de Marfil contra el amarillamiento letal. La producción de copra, principal derivado, enfrenta baja rentabilidad debido a la escasa industrialización, lo que limita el valor agregado, de acuerdo con un estudio de la Revista de la Facultad de Agronomía.
El Consejo Estatal del Coco, dirigido por Damián Terrazas Sánchez, ha implementado capacitaciones para combatir plagas, capturando cerca de 2 mil ejemplares de picudo negro en municipios como Zihuatanejo y Acapulco. Pese a estos esfuerzos, la cadena productiva requiere mayor inversión en tecnología y diversificación, según el Congreso de Guerrero. La exportación de coco, que en 2017 alcanzó seis millones de unidades, muestra potencial, pero la infraestructura obsoleta y los fenómenos climáticos frenan el crecimiento. Los productores exigen políticas urgentes para rescatar este sector clave, que genera 17 mil 370 empleos en el estado.
