La reaparición del gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax) ha provocado una caída del 60 por ciento en las exportaciones mexicanas de ganado en pie hacia Estados Unidos, según la Confederación de Cámaras Industriales de las Carnes (Comecarne). Este descenso representa una pérdida de aproximadamente 600 millones de dólares para el sector ganadero nacional. La plaga, erradicada en México en 1991, resurgió en noviembre de 2024 en Chiapas y se ha extendido desde Centroamérica, afectando a países como Panamá, Costa Rica y Guatemala.
En respuesta, el gobierno de Estados Unidos suspendió temporalmente la importación terrestre de ganado mexicano durante dos semanas, medida que ha generado tensiones diplomáticas. La presidenta Claudia Sheinbaum calificó la decisión como «injusta» y afirmó que México no debe ser tratado como una «piñata». El secretario de Agricultura, Julio Berdegué, atribuyó el resurgimiento de la plaga a la falta de colaboración de Estados Unidos, que opera en Panamá el único laboratorio productor de moscas estériles necesarias para controlar el insecto.
Para contener la propagación, México activó el Dispositivo Nacional de Emergencia de Sanidad Animal (Dinesa), extendido por seis meses, y reforzó la vigilancia en 45 aeropuertos, 24 puertos marítimos y 28 fronteras. Además, se han inspeccionado 300 mil cabezas de ganado en el sur del país. A pesar de estos esfuerzos, Estados Unidos ha exigido intensificar las medidas de control, incluyendo el uso de vuelos con moscas estériles y la eliminación de restricciones aduaneras a equipos del Departamento de Agricultura estadounidense.
La situación ha afectado gravemente a estados productores como Sonora y Chihuahua, donde se estima que se dejaron de mover 110 mil becerros semanalmente, con pérdidas de entre 25 y 30 millones de dólares. La industria ganadera mexicana, que exporta anualmente más de mil millones de dólares en ganado a Estados Unidos, enfrenta una crisis sin precedentes debido a esta plaga.
El gusano barrenador, que provoca miasis en animales y, en casos raros, en humanos, representa una amenaza significativa para la salud animal y la economía del sector ganadero. La falta de colaboración efectiva entre México y Estados Unidos podría prolongar la crisis y afectar aún más las exportaciones ganaderas mexicanas.
