Por: Aylin Paredes
La eliminación de cuotas en los servicios de salud, decretada en 2024, ha desatado una crisis en el Hospital General de México Eduardo Liceaga, uno de los más importantes del país.
La gratuidad, impulsada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, buscaba garantizar el acceso universal a la salud, pero sin un aumento en el presupuesto, el hospital enfrenta saturación, falta de personal, insumos y medicamentos. Pacientes como Raúl Morales, de 57 años, diabético con complicaciones pulmonares, esperan días en urgencias sin camas disponibles, mientras sus familias, como Librada Flores, deben costear desde alimentos hasta tratamientos.
La infraestructura del hospital, con mil 192 camas, no logra atender la creciente demanda. En urgencias, donde no deberían permanecer pacientes más de 24 horas, personas como Raúl ocupan sillas o camas improvisadas.
El personal, rebasado, trabaja turnos extenuantes; enfermeras laboran hasta 10 días sin descanso. Además, la falta de insumos básicos, como guantes, gasas o jeringas, documentada en reportes de noviembre de 2024 a enero de 2025, agrava la situación. Trabajadores, bajo anonimato por temor a represalias, denuncian que la carencia de recursos los obliga a priorizar casos o improvisar con lo disponible.
El presupuesto para 2025, de 4 mil 791 millones de pesos, representa una reducción de 449 millones respecto a 2024, lo que limita aún más la operación del hospital. Una manta colocada por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud en la entrada de urgencias advierte: “La capacidad de atención está totalmente rebasada”.
Mientras, pacientes como Leticia, quien acompaña a su sobrino con leucemia, reconocen la dedicación del personal, pero cuestionan los recortes. “¿Por qué falta material? ¿Quieren que nos muramos?”, reclama. La gratuidad, aunque bien intencionada, ha dejado al hospital al borde del colapso, con una infraestructura deteriorada y un sistema de salud que lucha por cumplir su promesa.

