La diabetes tipo 2 representa una crisis sanitaria en México, donde causó 112 mil 641 fallecimientos en 2024 y afecta a 14.6 millones de adultos, según datos del Inegi y el INSP. Este padecimiento genera gastos superiores a 50 mil millones de pesos anuales en el sistema de salud, con un impacto desproporcionado en hogares de bajos ingresos. Expertos urgen medidas preventivas ante el alza en complicaciones y diagnósticos tardíos, que elevan la carga económica en entidades como el IMSS, donde solo la atención cuesta 106 millones de pesos diarios.
El consumo de bebidas azucaradas impulsa el 30 por ciento de los nuevos casos de diabetes tipo 2, de acuerdo con un estudio en Nature Medicine, y contribuye al 14.9 por ciento de las muertes por esta enfermedad. En México, el hábito de ingerir una lata diaria de refresco detona inflamaciones crónicas, independientemente de la obesidad, lo que agrava riesgos cardiovasculares y renales en la población adulta. La mitad de los afectados ignora su condición, lo que retrasa intervenciones y multiplica complicaciones como amputaciones y ceguera, según el Instituto Nacional de Salud Pública.
Autoridades y organizaciones proponen endurecer regulaciones para contrarrestar esta emergencia, como elevar el impuesto a bebidas azucaradas al 20 por ciento y equipararlas a productos de alto riesgo sanitario. Medidas previas, como el etiquetado frontal de advertencias, redujeron en 10.7 puntos los sellos de exceso de azúcares y fomentaron reformulaciones en la industria. El Poder del Consumidor y la Federación Mexicana de Diabetes insisten en priorizar la prevención sobre el tratamiento, con el fin de mitigar miles de muertes evitables y estabilizar los costos en el sector salud.
