Un estudio publicado en la revista científica The Lancet estima que una de cada cinco mujeres en el mundo, equivalente a 650 millones, fue víctima de violencia sexual durante su infancia. De estas, 370 millones sufrieron violaciones o agresiones sexuales con contacto físico antes de los 18 años, según datos recopilados entre 2000 y 2023. La investigación, liderada por expertos internacionales, subraya que el 80% de los casos ocurrió en la adolescencia, entre los 10 y 19 años, con un pico entre los 15 y 19 años.
El análisis, que abarca encuestas de victimización y estudios poblacionales, destaca que la violencia sexual infantil trasciende fronteras geográficas, culturales y económicas. África subsahariana registra la mayor incidencia, con 79 millones de víctimas, lo que representa el 22% de las mujeres de la región. Le siguen Asia oriental y sudoriental con 75 millones (8%), y América Latina y el Caribe con 45 millones (18%). En entornos frágiles, como zonas de conflicto o con alta presencia de refugiados, el riesgo se duplica, afectando a una de cada cuatro niñas.
UNICEF, citado en el informe, estima que entre 240 y 310 millones de niños y hombres, uno de cada 11, también sufrieron abusos sexuales en la infancia. Si se incluyen formas de violencia sin contacto físico, como abuso verbal o en línea, la cifra global de víctimas asciende a 1,180 millones. La falta de datos sobre varones y formas no físicas de abuso evidencia la necesidad de mayor inversión en investigación, según los autores.

En México, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2021 reportó que 6.4 millones de mujeres mayores de 15 años sufrieron abuso sexual en la infancia, un aumento del 45% respecto a 2016. Los principales agresores son familiares, como tíos y primos, y el 9.5% de las víctimas reportó tocamientos sin consentimiento como la forma más común de agresión.
El estudio de The Lancet enfatiza que la violencia sexual deja secuelas profundas, como trastornos mentales, infecciones de transmisión sexual y dificultades para establecer relaciones saludables. Las víctimas suelen guardar silencio por vergüenza o miedo, lo que agrava el trauma. Los autores instan a fortalecer marcos legales, cambiar normas sociales que perpetúan el abuso y garantizar acceso a servicios de justicia y salud para las víctimas.
La Primera Conferencia Ministerial Mundial para Poner Fin a la Violencia contra Niños, Niñas y Adolescentes, programada para noviembre en Colombia, buscará estrategias globales para abordar esta crisis. Organismos como UNICEF y la OMS han reiterado la urgencia de actuar para proteger a la infancia y prevenir abusos que marcan vidas enteras.
