Un estudio internacional confirma que los barrios ricos concentran más áreas verdes, árboles y biodiversidad, mientras las zonas pobres carecen de ellas y generan una desigualdad ambiental global, conocida como “efecto lujo”, que divide las urbes desde Nueva York hasta Ciudad del Cabo y acentúa la injusticia ecológica en países en desarrollo.
Un análisis de más de cien investigaciones, coordinado por la Universidad de Turín y publicado en People and Nature, demuestra que los sectores acomodados albergan mayor vegetación y aves. Por el contrario, las periferias marginales permanecen grises y con escasa naturaleza. De esta forma, el fenómeno depende del contexto socioeconómico y geográfico, aunque predomina en el norte global, con lagunas de datos en el sur, donde prioridades como alimentación y seguridad agravan la brecha entre centros ricos y bordes pobres.
La investigación, liderada por la bióloga Irene Regaiolo, advierte riesgos de gentrificación verde al crear parques en barrios desfavorecidos, pues elevan precios inmobiliarios y desplazan residentes. Ante ello, propone huertos comunitarios, jardines compartidos y proyectos de ciencia ciudadana con participación local. Con más de la mitad de la población mundial en ciudades —cifra que alcanzará el 70 % en 2050 según la ONU—, las áreas verdes urbanas emergen como laboratorios para soluciones basadas en naturaleza que mitiguen calor, conserven biodiversidad y promuevan inclusión.
Este patrón se repite en América Latina, donde megaciudades como São Paulo, Ciudad de México, Lima, Bogotá, Buenos Aires y Santiago muestran cobertura arbórea alineada con divisiones de clase. En consecuencia, el crecimiento desordenado y la falta de políticas dejan barrios pobres sin parques ni árboles adecuados. Así, el efecto lujo exacerba vulnerabilidades climáticas y sanitarias en la región, según expertos en ecología urbana y justicia ambiental.

