Tormenta Byron azota la Franja de Gaza con lluvias torrenciales que inundan miles de tiendas de campaña en campamentos como Jan Yunis y Muwasi, y provocan la muerte por hipotermia de una bebé de ocho meses, Rahaf Abu Jazar. La Defensa Civil palestina registra más de dos mil 500 llamadas de auxilio por daños en refugios, mientras el agua alcanza las rodillas en áreas superpobladas y arrastra pertenencias esenciales como colchones y alimentos. Familias desplazadas, en su mayoría de dos millones de habitantes afectados por la guerra, enfrentan temperaturas en descenso que elevan riesgos de infecciones en entornos sin saneamiento adecuado, según reportes de la ONU.
La agencia UNRWA advierte que ambientes fríos, hacinados e insalubres incrementan enfermedades entre vulnerables como niños y ancianos, y exige ayuda sin restricciones para suministros médicos y refugios. Israel permite solo 234 camiones de asistencia diaria, por debajo de los 600 acordados en la tregua de octubre, lo que bloquea la entrada de 300 mil tiendas necesarias pese a envíos parciales de 15 mil 590 unidades por la ONU. Autoridades gazatíes culpan el cerco por la ausencia de maquinaria para desescombros y bombas de agua, lo que colapsa tres edificios dañados por bombardeos previos bajo la presión hidráulica.
Organizaciones humanitarias como la Cruz Roja y el Shelter Cluster urgen intervención internacional para prevenir un desastre mayor, ya que 850 mil personas en 761 sitios de desplazamiento corren alto riesgo de inundaciones. El portavoz de la Defensa Civil, Mahmoud Basal, describe un «inminente desastre humanitario» por la falta de combustible y equipo destruido durante el conflicto. Mientras persiste la tormenta hasta el viernes, familias como la de Um Salman Abu Qenas relatan noches sin sueño por filtraciones constantes, y exigen cumplimiento de obligaciones para flujo ininterrumpido de mantas, ropa y viviendas temporales.
