La Operación Contención desplegó a dos mil 500 agentes de la Policía Militar y Civil en las favelas Alemão y Penha, con el fin de ejecutar 100 órdenes de arresto contra miembros del Comando Vermelho, la principal banda de narcotraficantes en Brasil. Los criminales respondieron con bloqueos en vías clave de la zona norte, lo que interrumpió el servicio de 100 líneas de autobuses y obligó al cierre de decenas de escuelas y centros de salud. El balance preliminar oficial registró 64 muertos, incluidos cuatro policías, aunque cifras independientes elevaron la cuenta a 132, con 11 heridos adicionales, ocho de ellos agentes.
Vecinos, en su mayoría mujeres, lideraron el rescate de los cadáveres en zonas boscosas cercanas a las favelas, sin asistencia de las autoridades, y los colocaron en una plaza del barrio de Penha para facilitar la identificación por parte de las familias. La operación, planeada durante dos meses, incautó 118 armas, 14 explosivos y una tonelada de drogas, según el Gobierno de Río de Janeiro. El gobernador Cláudio Castro declaró que la ciudad amaneció de luto por las pérdidas policiales, mientras el ministro de Justicia Ricardo Lewandowski lamentó la violencia y enfatizó la necesidad de operaciones con mayor planificación.
La ONU expresó horror ante el saldo de víctimas en la redada, y Human Rights Watch la calificó de desastre, con una demanda a la Fiscalía para investigar cada muerte en las favelas. El operativo se ejecutó días antes de eventos globales en Río, como la cumbre C40 de alcaldes y el premio Earthshot, vinculados a la COP30. La Policía Militar reforzó el patrullaje en un 40 por ciento para restaurar la normalidad en el tránsito y el transporte público de la zona norte.
