El Centro Histórico de Oaxaca acoge rituales ancestrales la noche del 31 de diciembre y la madrugada del 1 de enero, donde locales y visitantes encienden velas de colores, queman copal y realizan limpias energéticas con hierbas y amuletos para atraer prosperidad, amor y salud. Además, en algunas comunidades se quema el muñeco del Año Viejo con pirotecnia, símbolo de renovación que complementa las celebraciones descentralizadas con bandas y fuegos artificiales. Por ello, estos actos conectan con lo espiritual y comunitario en un ambiente festivo.
Los restaurantes, fondas y hoteles ofrecen cenas especiales con platillos oaxaqueños como mole negro, coloradito, tlayudas y tamales, acompañados de mezcal artesanal para brindar a medianoche. De esta manera, la gastronomía tradicional se fusiona con propuestas contemporáneas en menús exclusivos que resaltan el sabor local. Así, la velada culmina en una experiencia culinaria que une a las familias y turistas.
El primer día del año invita a escapadas naturales desde la capital, como visitas a Hierve el Agua, pueblos mágicos cercanos o playas como Puerto Escondido, Mazunte y Zipolite para caminar, nadar y contemplar paisajes en busca de calma. De hecho, esta opción contrasta con el bullicio nocturno y promueve la renovación personal. Por tanto, inicia el ciclo con serenidad en entornos únicos del estado.
