El estreno de El Eternauta en Netflix, adaptación de la icónica novela gráfica de Héctor Germán Oesterheld, ha trascendido la ficción para reavivar una de las heridas más profundas de Argentina: las desapariciones forzadas durante la dictadura militar (1976-1983). Aunque la serie no aborda directamente este periodo, la historia de su autor, secuestrado y desaparecido junto a sus cuatro hijas y yernos por el régimen, ha colocado en el centro del debate la búsqueda de justicia y la restitución de identidades. Organizaciones como Abuelas de Plaza de Mayo y H.I.J.O.S. Capital han aprovechado el impacto mediático para intensificar sus campañas, enfocándose en encontrar a los nietos y nietas nacidos en cautiverio.
Abuelas de Plaza de Mayo, que desde los años setenta trabaja para localizar a los bebés arrebatados a sus madres en centros clandestinos de detención, ha renovado su llamado: “Si naciste entre 1975 y 1983, podrías ser uno de los nietos que buscamos”. La organización, que ha restituido 139 identidades, estima que aún faltan por encontrar más de 300 personas. El caso de la familia Oesterheld, de la que solo sobrevivieron la esposa de Héctor, Elsa Sánchez, y dos nietos cuyo paradero se desconoce, es un símbolo del horror del terrorismo de Estado. Las redes sociales, como el perfil @abuelasdifusion, se han llenado de mensajes que invitan a quienes tengan dudas sobre su identidad a contactar a la organización.
Por su parte, El Eternauta no solo es una obra de ciencia ficción, sino un emblema de resistencia. Desde su publicación en 1957, la historia de Juan Salvo enfrentando una invasión en un Buenos Aires apocalíptico ha inspirado movimientos sociales. Hoy, su silueta aparece en marchas y murales, recordando la lucha por la verdad. El fenómeno de la serie ha permitido que nuevas generaciones se acerquen a este capítulo doloroso de la historia argentina, reforzando el mensaje de “nunca más” y la importancia de no olvidar.
