La percepción de la seguridad nacional en México experimentó un giro significativo hacia la sostenibilidad energética. De acuerdo con un sondeo reciente de la firma Opinium para la organización Secure Energy Project, el 72% de los ciudadanos consultados identificó la dependencia de los combustibles fósiles como un factor crítico que eleva el riesgo de verse involucrados en tensiones internacionales. Este sentimiento se agudizó tras los recientes episodios de inestabilidad geopolítica en regiones como Venezuela e Irán, provocando que siete de cada diez mexicanos consideren urgente acelerar la transición hacia fuentes limpias para reducir la vulnerabilidad del país ante crisis de precios externas.
Bajo esta premisa, el estudio destacó que el 63% de los participantes visualizó en la energía solar y eólica un pilar para fortalecer la soberanía doméstica. Leila Aly El Deen, directiva de la organización solicitante, subrayó que la turbulencia global expuso la fragilidad de los sistemas basados en hidrocarburos, una visión que coincidió con el rechazo del 73% de los encuestados hacia el uso de la fuerza militar para controlar recursos naturales ajenos. En este sentido, la opinión pública mostró una inclinación clara: existe una proporción de casi cuatro a uno a favor de las energías renovables por encima de la expansión de la infraestructura de explotación fósil.
Finalmente, expertos académicos de instituciones como El Colegio de México y la Universidad Autónoma Metropolitana analizaron estos datos bajo el lente de la realidad operativa actual. Mientras que la memoria histórica impulsa el deseo de independencia económica, la estadística técnica reveló que México mantuvo una dependencia del 70% en gas importado durante 2025. En consecuencia, la transición energética fue interpretada por la audiencia no solo como un compromiso ambiental, sino como una estrategia de defensa estratégica frente a un mercado internacional de hidrocarburos que se percibe cada vez más volátil e impredecible.

