En el corazón de la Mixteca oaxaqueña, Santa Rosa Caxtlahuaca revive su carnaval con la Danza del Macho como protagonista principal, una tradición teatral que fusiona danza, diálogos satíricos y música de violín tradicional. Esta comunidad migrante, marcada por el éxodo de sus habitantes, transforma sus calles en escenarios vivos donde los participantes se disfrazan de diversos personajes para recorrer mayordomías y celebrar desde el 14 hasta el 17 de febrero. Aunque danzas como los rubios y los chilolos solían complementar el festejo, estos últimos han desaparecido en los últimos años, dejando a la Danza del Macho como el eje central que resurgió con vigor hace seis años, tras una década de inactividad causada por la migración.
Este ritual escénico, recuperado por un grupo de adultos y jóvenes bajo la guía del tío Don Joel Ramos, narra una historia evolutiva a lo largo de los días festivos: inicia con una invitación a una boda simbólica, donde el personaje principal, «el macho», busca pareja entre las hijas del «yuguatesho», un padre de familia numerosa y nativa. Ante la negativa, el macho opta por el rapto, pero es detenido, lo que lleva a un casamiento consensuado el martes, día culminante del carnaval. Cada parada en las mayordomías incluye un son bailado, reflejando rituales locales como el compadrazgo y el baile nupcial, todo organizado por las autoridades comunitarias que proveen comida y un baile tradicional al cierre.
César Rojas, maestro danzante local, enfatiza la importancia de esta preservación: aprendieron los pasos de Don Joel para no perder una tradición que define su identidad. Similarmente, la danza se practica en comunidades vecinas como Santiago, invitando a los jóvenes a respetar y perpetuar estas festividades. Así, el carnaval no solo une a los residentes, sino que fortalece el lazo cultural en una región afectada por la diálogos, destacando la resiliencia mixteca ante los cambios sociales.
