Las costas de Oaxaca se convierten en un escenario natural privilegiado durante el invierno, cuando las ballenas jorobadas, también conocidas como yubartas, emprenden su migración anual. Según datos de la Secretaría de Medio Ambiente, esta temporada oficial se extiende desde diciembre de 2025 hasta marzo de 2026, atrayendo a turistas que buscan presenciar el espectáculo marítimo en playas como Huatulco, Puerto Escondido y San Agustín. Estos mamíferos, que viajan más de 5 mil kilómetros desde regiones frías como el Ártico y la Antártida, eligen aguas templadas mexicanas tras pasar por Baja California, Nayarit y Guerrero. Con un peso aproximado de 40 toneladas, las jorobadas destacan por su inteligencia y sociabilidad, utilizando vocalizaciones complejas —incluso melodías de hasta 30 minutos en los machos— para comunicarse.
Además, esta migración responde a necesidades biológicas específicas: las hembras dan a luz en estos sitios protegidos, donde las temperaturas ideales permiten que los ballenatos, carentes de una capa de grasa suficiente para el frío extremo, se fortalezcan antes de emprender el regreso. Para los adultos, las aguas oaxaqueñas sirven como espacios de cortejo y apareamiento, ofreciendo un entorno relajante lejos de las gélidas zonas de alimentación. Algunas ballenas continúan su ruta hacia el sur, alcanzando países como Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, mientras que otras permanecen en México para completar su ciclo reproductivo.
Por ello, las autoridades recomiendan a los visitantes optar por embarcaciones con distintivos oficiales, capacitadas para realizar avistamientos con respeto al medio ambiente y a las especies. Esta práctica no solo preserva la conservación de estos cetáceos, sino que garantiza una experiencia segura y educativa, destacando la importancia de equilibrar el turismo con la protección marina en la región.

