En el Centro Histórico de Oaxaca y sus barrios cercanos, el cierre del año se distingue por una profunda expresión de fe que une a las comunidades en templos emblemáticos. Durante las últimas semanas de diciembre, las celebraciones religiosas combinan gratitud por el ciclo concluido con peticiones para el venidero, destacando misas especiales en lugares como la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad. Tras las posadas que recrean el peregrinar navideño y las misas de Nochebuena —incluyendo la tradicional Misa de Gallo—, los fieles continúan con rituales que enfatizan la renovación espiritual. En barrios como Jalatlaco o Xoxocotlán, las parroquias locales acogen procesiones y eucaristías que fomentan la convivencia familiar, integrando elementos culturales como calendas y danzas regionales.
Además, el 31 de diciembre marca un momento de reflexión colectiva en el Zócalo y templos adyacentes, donde se realizan misas de acción de gracias antes de la medianoche. Estas ceremonias, acompañadas en ocasiones de fuegos artificiales y festivales comunitarios, simbolizan la purificación y la esperanza ante lo nuevo. Tradiciones como la quema simbólica del «Año Viejo» en algunas zonas refuerzan este sentido de cierre y comienzo, atrayendo a residentes y visitantes que buscan participar en esta manifestación viva de espiritualidad oaxaqueña.
En esencia, estas prácticas no solo fortalecen los lazos religiosos, sino que preservan el sincretismo cultural característico de la región, donde la devoción católica se entrelaza con costumbres locales para despedir el año con paz y optimismo.

