En los mercados de Oaxaca, como la Central de Abastos y el 20 de Noviembre, cientos de personas recorren los pasillos abarrotados para adquirir los ingredientes esenciales que darán forma a la cena de Año Nuevo. Entre los productos más demandados destacan aquellos para platillos típicos de la región, como tamales oaxaqueños de mole verde con pollo envueltos en hoja de plátano, bacalao a la vizcaína con chiles y especias locales, pozole blanco de puerco con maíz cacahuazintle, pescado frito sazonado con hierbas autóctonas y pavo relleno de arroz salvaje. Además, no faltan elementos para acompañamientos como espagueti, barbacoa, ensalada de manzana y el emblemático ponche navideño, elaborado con guayaba, tejocote, manzana, caña de azúcar, piloncillo y ciruela pasa o tamarindo. Estos mercados se convierten en epicentros de actividad, donde las familias priorizan compras que fusionan tradición istmeña con costumbres nacionales, incluyendo aguinaldos con cacahuates, dulces y frutas frescas.
Sin embargo, lo que no puede faltar en estas preparaciones son los sabores auténticos que definen la identidad oaxaqueña, como el mole costeño rojo sobre pollos rellenos de picadillo de puerco o res, tamales envueltos en hoja santa y bebidas como el tejate en variantes festivas. Para el cierre del año, elementos simbólicos como uvas para las campanadas o lentejas para la prosperidad se suman a la lista, complementando platos fuertes como pierna de cerdo o romeritos. En regiones como el Istmo, los buñuelos y el mezcal también emergen como indispensables, elevando la cena a una celebración cultural que va más allá del mero alimento.
A pesar de un entorno de inflación controlada en Oaxaca al cierre de 2025, con bajas en alimentos básicos que alivian el gasto familiar, los precios muestran ajustes notables en diciembre. Por ejemplo, preparar una olla de ponche de 5 a 8 litros cuesta entre 200 y 280 pesos, un 17% más que en 2024, con guayaba a 25-52 pesos por kilo, tejocote a 30-45 pesos por kilo y manzana a 35-50 pesos por kilo.
