Con más de 21 mil plantas comercializadas en los últimos años, Oaxaca se consolida como uno de los estados productores más relevantes de flor de nochebuena en el sur de México, pese a que la mayor producción nacional sigue concentrada en Morelos, Michoacán, Ciudad de México y Puebla. Este crecimiento destaca porque proviene principalmente de pequeñas unidades familiares que conservan técnicas agrícolas tradicionales y operan en municipios de clima templado y cálido, ideales para el desarrollo de la Euphorbia pulcherrima, nombre científico de la planta conocida mundialmente como poinsettia.
La nochebuena, originaria de México y llamada Cuetlaxóchitl en náhuatl —que significa “flor que se marchita” o “flor de pétalos de fuego”—, era valorada por las culturas mesoamericanas como símbolo de pureza y renacimiento. Los mexicas la usaban para extraer pigmentos rojos y con fines medicinales, y su importancia quedó registrada en códices y jardines botánicos prehispánicos. Tras su introducción en Estados Unidos a inicios del siglo XIX, se convirtió en la planta en maceta más vendida del mundo durante la temporada navideña, con más de 500 millones de ejemplares comercializados anualmente a nivel global y México como centro de origen genético, donde existen más de 30 variedades en tonos rojo, blanco, rosa, amarillo y marmoleado.
En Oaxaca, el cultivo inicia en mayo con la preparación del suelo y exige meses de cuidado preciso en riego, temperatura y exposición a la luz. Muchas mujeres participan activamente en estos viveros de pequeña escala, que representan una fuente clave de ingresos en diciembre. Para quienes visitan el estado en esta temporada, adquirir una nochebuena local en mercados, tianguis o viveros no solo decora el hogar, sino que apoya directamente a las familias productoras y permite llevarse un pedazo auténtico de la identidad cultural mexicana, profundamente ligada a esta flor que trascendió fronteras y se convirtió en emblema universal de la Navidad.
