Por: Aylin Paredes
En México, donde el 69.8% de los hogares tiene un animal de compañía, según la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2021 del Inegi, los perros son los favoritos, con 43.8 millones en el país. Sin embargo, el manejo inadecuado de sus heces representa un riesgo para la salud pública y el medio ambiente. Un perro de talla mediana genera unos 600 gramos de excremento al día, según la Academia de Ciencias de Morelos, y su incorrecta disposición puede tener graves consecuencias.
Contrario a la creencia popular, las heces caninas no sirven como abono, advierte la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México. “Contienen virus, bacterias y patógenos que persisten incluso con desparasitación regular”, explica Óscar Rodríguez Robles, veterinario de la UNAM. Dejarlas a la intemperie propaga enfermedades gastrointestinales, respiratorias y cutáneas en humanos, además de afectar la fauna silvestre y el equilibrio ecológico. Asimismo, el manejo inadecuado contribuye a la contaminación de suelos, agua y aire, generando gases de efecto invernadero como el metano, según el Manual de Tutela Responsable del Gobierno capitalino.
En la Ciudad de México, la Ley de Protección a los Animales y la Ley de Cultura Cívica obligan a los tutores a recoger las heces de sus perros en la vía pública, bajo pena de multas de hasta 2 mil pesos, arresto o trabajo comunitario. Para un manejo responsable, se recomienda usar papel higiénico en casa y desecharlo en el inodoro, o emplear bolsas compostables en la calle y depositarlas en botes de basura orgánica. La diarrea requiere tierra o aserrín para facilitar su recolección, mientras que la orina debe tratarse con limpiadores enzimáticos para evitar daños al suelo y a las plantas.
El manejo adecuado de los desechos caninos no solo protege la salud de las personas y los ecosistemas, sino que fomenta una convivencia responsable con nuestras mascotas y el entorno.

