Por: Aylin Paredes
La Reserva de la Biósfera de Los Tuxtlas, en Veracruz, enfrenta una creciente amenaza por proyectos mineros que suministran balasto al Tren Maya, además de actividades como la ganadería y el cultivo de tabaco. Este corredor biológico, hogar de selvas tropicales, bosques de niebla y más de 139 especies de mamíferos, ha perdido 794 hectáreas de bosque primario entre 2002 y 2023, según Global Forest Watch.
En el cerro de Balzapote, donde operan cuatro minas a cielo abierto, la extracción de materiales ha fragmentado hábitats clave, desplazando fauna como monos arañas y aves migratorias. José Luis Montero, habitante local, relata cómo retroexcavadoras han reemplazado los árboles de su infancia, obligando a animales a buscar refugio en tierras bajas.
A pesar de su estatus como área protegida desde 1998, el 80 % de la reserva es zona de amortiguamiento, vulnerable a actividades extractivas. De 15 proyectos mineros identificados, solo la mitad cuenta con permisos vigentes, según datos de la Semarnat.
En 2021, una empresa fue multada con 85 mil dólares por operar sin autorización para el Tren Maya, evidenciando fallos en la regulación. Además, la tala ilegal y los incendios, como el registrado en 2024, agravan la deforestación. Científicos de la UNAM han advertido sobre el daño irreversible al corredor biológico, esencial para la migración de especies y la regulación climática.
No obstante, la resistencia local ofrece esperanza. Comunidades y organizaciones como Sendas han restaurado 40 hectáreas de manglar en la Laguna de Sontecomapan y promueven prácticas sostenibles, como la ganadería regenerativa y cultivos de sombra. Sin embargo, la falta de vigilancia, tras la desaparición de un inspector de Profepa en 2015, y la insuficiencia de recursos dificultan la protección.
Expertos como Patricia Escalante urgen un programa integral de inspección para frenar la devastación y fortalecer iniciativas comunitarias que buscan preservar este ecosistema vital.
